G.Steiner: Si no encontramos otro ideal....


UN AGITADOR INTELECTUAL / El ensayista considera que ya no hay «una izquierda seria, profunda y con un programa humano» / «Europa es la que masacra y tortura a Europa. Es un continente lleno de fantasmas», afirma

«Si no encontramos otro ideal, el dinero acabará con todo»

George Steiner muestra en una conferencia en Barcelona su pesimismo por el futuro de Europa.

BARCELONA.- Políglota, sumamente erudito y apasionado pedagogo: nadie como el profesor George Steiner encarna los valores humanistas de la Vieja Europa. Hijo de una familia austríaca de origen judío emigrada a París y luego a EEUU, Steiner se formó con un pie en el nuevo y otro en el
viejo continente. Doctorado en Oxford y catedrático de una docena de universidades en todo el mundo, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2001 ha enlazado el estudio de las Artes y de las Ciencias -sobre todo física y matemáticas- para ejercer la crítica cultural, la literatura comparada e incluso la provocación.

Pero, ahora, el desencanto gana la partida a la provocación con que Steiner suele agitar conciencias. Y lanza una dura crítica sobre la decadencia espiritual europea. «Nunca había olido tanto a dinero», arremete y las suyas son palabras teñida de pesimismo y desconcierto. «Vivimos en una época en la que no hay más valores que el dinero y la riqueza», añadió ayer en Barcelona, horas antes de ofrecer su conferencia Remembering the future, invitado por el Museo de Historia de la Ciudad para inaugurar el ciclo Espacio, memoria y futuro.

En el capitalismo del nuevo milenio, «el dinero se ha convertido en la droga del olvido», señala Steiner. El problema que diagnostica es la ausencia total de

objetivos intelectuales o políticos entre sus alumnos universitarios, «que sólo quieren dedicarse a la banca y enriquecerse antes de los 25 años», alerta. De ahí que el académico abogue por recuperar «una solidaridad cultural que nos permita volver a pensar», como la que aún sobrevive en el mundo académico estadounidense. Y la suerte de la cultura europea depende de ello. «Si no encontramos otro ideal, el dinero acabará con nuestra vida espiritual», advierte Steiner.

Tras la caída de las utopías, la preocupación actual del profesor es la imposibilidad de ofrecer a sus alumnos «una esperanza de futuro». Esperanza que «desde la Revolución Francesa Europa siempre puso en las izquierdas», aclara. Un espacio ideológico que hoy se ha convertido en «un agujero negro». «Ya no hay una izquierda seria, profunda y con un programa humano», denuncia el Premio Príncipe de Asturias.

No extraña entonces «la triste lucidez» que ve Steiner entre sus discípulos. Cuando a comienzos de los 80 Steiner preguntó a sus alumnos de Cambridge por qué no se no se comprometían con la guerra civil nicaragüense -como habían hecho sus abuelos con la República española- le respondieron que no se dejarían «engañar otra vez» entre «el estalinismo abyecto», por un lado, y «el fascismo proamericano de la CIA», por el otro. De ahí «el momento trágico» que denuncia el pedagogo. Ajenas a toda utopía de izquierdas -o «grandes errores por los que valía la pena dar la vida», en palabras de Steiner-, las nuevas generaciones pierden al posibilidad de la esperanza y de «la creación por el error».

El amargo desencanto de Steiner lo lleva incluso a perder las formas al denunciar «la mala conciencia» europea y «el complejo de inferioridad» de su antiamericanismo. Con el caso de los Balcanes, «Europa no fue capaz de limpiar y tuvo que recurrir a la ayuda americana una vez más», recuerda el intelectual, como sucedió en las dos guerras mundiales. Con 70 millones de muertos, entre agosto de 1914 y mayo de 1945, «Europa es la que masacra y tortura a Europa», recuerda Steiner con dureza, y como continente «lleno de fantasmas», no se encuentra en una cómoda situación moral que le permita juzgar a su poderoso vecino del norte. Si las esperanzas de Occidente se dirimen entre «un capitalismo más humano o un socialismo liberal, no parece que vayamos por buen camino», concluye George Steiner.

La mala conciencia y los conflictos de identidad

«Es difícil dar solidez a la idea de humanidad cuando no hacemos nada para evitar genocidios como el de Ruanda y compramos productos textiles de China, en cuyas fábricas mueren millones de niños», arremete Steiner. La «mala conciencia europea» se evidencia para el pensador en la ligereza con la que se invocan los valores humanistas sin implicarse con seriedad en su defensa.

A ello se suma «el hedor del dinero» y la caída de las grandes religiones que «garantizan una moral trascendente» donde asentar esos valores. «Buscamos, pero no sabemos qué cosa nos dará esa garantía moral», señala.

Al mismo tiempo, la globalización produce una suerte de «aceleración tecnológica». Y Europa se convierte en «mundo histérico y complicado, en donde lo que realmente cuenta son las regiones y las tradiciones locales», explica el autor de Gramáticas de la creación.

Como resultado de «una época enloquecida» se plantea, según Steiner, la pregunta por la identidad. «No podemos definir la identidad europea contra la América de Bush, lo cual es una estupidez, ni contra la Rusia de Putin, que sería demasiado peligroso», señala el autor. Y esa es la dicotomía a la que Steiner no ve salida. «Espero equivocarme, porque yo elegí Europa», señala el filólogo como corolario de su análisis pesimista.

SIN CONCESIONES

Antiamericanismo: «Europa siente una profunda vergüenza ante la ayuda americana del pasado y respira con cierta autocomplacencia ante la catástrofe de Bush en Irak».

Mafias: «Las mafias rusas y asiáticas están comprando el arte europeo, sobre todo en Inglaterra. Europa está perdiendo hasta la capacidad de conservar sus propios tesoros culturales».

Literatura: «Admiro a Doris Lessing, pero la literatura no pasa por un buen momento si el Nobel lo recibe una dama de 88 años».

MATIAS NESPOLO

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